OBJETIVOS GENERALES DE LA CARRERA

La Carrera de Derecho tiene el objetivo de brindar la formación profesional básica e integral del Jurista que deberá desempeñarse en los dos grandes campos de acción que se explicitan en el Modelo del Profesional.

Ese Jurista debe adquirir una formación científica y orgánica. En tanto el Derecho no es una simple sumatoria de normas jurídicas, sino un sistema normativo orgánico y coherente, que obedece a principios, regulaciones y conexiones que le brindan su carácter científico y técnico, el Jurista no puede formarse - como lo fue durante muchos años y todavía sucede en gran parte del mundo - como un simple conocedor e intérprete más o menos agudo del ordenamiento jurídico positivo, lo cual hace de él un simple practicón o un normatólogo.

La carrera se caracteriza, por el contrario, por apuntar hacia la formación científica, doctrinal y técnica básica del jurista, en directa y declarada reacción antinormativista kelseniana.

El Plan de Estudios se vértebra sobre la base de cinco años académicos y se organiza disminuyendo gradualmente, de año en año, la actividad académica pura (clases en el aula) para elevar el tiempo de trabajo independiente y de práctica integradora, amen del trabajo científico.

En ese último sentido, la actividad investigativa se instrumenta a través de la participación en dos trabajos de curso evaluables: uno en segundo año sobre materias de formación básica, y otro en cuarto año sobre materias terminales, pero además, esa actividad científica se incrementa desde tercer año con la participación en investigaciones de la Facultad y, eventualmente, con su conclusión en el Trabajo de Diploma todo lo cual tributa sistemáticamente, a la Disciplina Integradora.

La relación entre la teoría y la práctica, viejo nudo conceptual de la formación profesional a escala mundial, se resuelve como quedó explicitado en los fundamentos introductorios, mediante la consideración de la práctica como Disciplina Integradora, de modo que ella no es un apéndice o impostación en la formación profesional, sino un momento gnoseológico de la misma; justamente el que corresponde a la elevación hacia lo concreto pensado a partir del dominio de las necesarias abstracciones teóricas.

Por ello la práctica se concibe como la Disciplina Integradora, en la cual desembocan, tributan y concluyen, completándose en armonía cognocitiva los distintos componentes académicos en cada período de la formación profesional.

Esa Disciplina Integradora se asocia, en primer año, a la Teoría del Estado y del Derecho y el Derecho Constitucional en Segundo; en tanto en tercer año se expresa en la Disciplina Civil y Familia, en cuarto en la Disciplina Penal y en tercero y cuarto en la de Asesoría, de forma que abarca y sintetiza todos los campos de acción y esferas de actuación del trabajo profesional del estudiante.

Para conseguir realmente sus objetivos, la Disciplina Integradora se instrumenta con Programas rigurosos y formas establecidas y comprobables de evaluación, y requiere un esfuerzo organizativo importante para adquirir su excelencia en las Unidades Docentes establecidas.

En función de su sentido de formación científica y no simplemente normativista, las actividades docentes durante la Carrera se caracterizan por el empleo de los métodos activos de enseñanza, que eviten el dogmatismo, memorismo, oralidad y vacuidad repetitiva. Sin embargo, ello no queda únicamente a la excelencia pedagógica personal de cada profesor, sino que se instrumenta en los programas de Disciplinas y Asignaturas, en las formas de evaluación y en la articulación del proceso docente que se apoya en formas de docencia activa, disminuyendo en lo posible las tradicionales conferencias, en favor de clases activas como Seminarios, Clases Mixtas, Clases Prácticas, Consultas etc., en todas las cuales se desplieguen, necesariamente, esas formas activas de enseñar y aprender. Al mismo tiempo, en la confección de los objetivos se cuida de disminuir los puramente reproductivos, en favor de aquellos que requieren un esfuerzo creador por parte del estudiante.

Las formas de evaluación se integran a ese mismo objetivo cardinal, evitándose, cuando es posible, el examen final, en favor de otras formas más sistemáticas, orgánicas, permanentes y activas de evaluación, como son, entre otras, las evaluaciones regulares y constantes de las Clases Mixtas, de los Seminarios, Clases Prácticas, Trabajos de Curso; Trabajos de Control en clase y extraclase, pruebas parciales, amen, por supuesto, de la evaluación de la práctica como Disciplina Integradora.

Estas dinámicas docentes contribuyen también al objetivo declarado y perseguido de obtener un Jurista con irreprochable capacidad de comunicación profesional, tanto oral como escrita, que pueda manejar la información científico técnica actualizada, que pueda hacerlo además, al menos en una lengua extrajera y que para todo su trabajo profesional pueda apoyarse exitosamente en los aportes de la computación, en general, y en particular en sus ricas aplicaciones al campo del Derecho.

En pos de iguales objetivos se afronta todo lo relacionado con la literatura docente: en términos esenciales, sin abandonar el uso indispensable aún de manuales y textos básicos, se intenta que los mismos sean imperativos a ineludibles en los primeros años, pero que en la medida en que se avanza en la formación profesional, el estudio se apoye en una gama variada y variable de la literatura científica, que rebasa los límites materiales y científicos de los textos básicos y manuales, y que debe abrevarse en artículos, ensayos, ponencias y en general, en el manantial constante y fluido del trabajo jurídico científico contemporáneo.

La formación en el llamado ciclo de las Ciencias Sociales es asumido con todo el rigor que exigen los propósitos científicos de la Carrera. Ni la Filosofía, ni la Economía, o la Historia, o la Metodología de la Investigación, para sólo mencionar algunos ejemplos, son adornos culturales para el Jurista, sino indeclinables instrumentos de su formación no sólo humanista, sino profesional en particular.

La Carrera se ha montado con absoluta precaución de que la misma no rebase los límites de exigencia de la formación básica profesional en el tercer nivel, es decir, en el nivel universitario, cuidando que no se introduzcan elementos de especialización que corresponden al cuarto nivel de postgraduado.

No obstante lo anterior, se instrumentan asignaturas optativas y facultativas que tienden a completar la formación básica, sin rebasarla pero aproximando a la vocación especializada.

En términos generales, pretendemos un jurista de formación integral y básica, que sea capaz de desempeñarse profesionalmente en todos los campos de la acción jurídica y lo alcance sin limitaciones normativistas, sino como un científico del Derecho, pero además, como un militante de un proceso político que constituye un ejemplo y una particularidad en el mundo de hoy. En ese sentido, formamos un jurista comprometido con la alternativa de justicia social que defiende nuestro país frente al neoliberalismo brutal; un jurista comprometido con la defensa de nuestra soberanía, identidad nacional y nuestros paradigmas políticos y sociales y, por ello, comprometido con la defensa de la revolución y de sus conquistas.

La creación de tal profesional supone la culminación de un proceso educacional que involucra la formación de una personalidad integral, y para ello nuestros objetivos educativos no son impostados al proceso docente, de forma que devengan cansona o machacante expresión de consignas vacías, sino que constituyen paradigmas conductuales que se insertan naturalmente en la misma esencia científica de la formación profesional y se integran pues, a sus más esenciales objetivos instructivos.

En pos de compactar el contenido de las disciplinas y asignaturas hemos unificado aquellos que constituyen una unidad científico - técnica, como Historia General del Estado y del Derecho I y II etc., con independencia de que se imparten, como en el Plan C, en dos semestres continuos.

 

Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana
- 2009 -